Lluvia y mala visibilidad, enemigos de los conductores

Estamos en una época del año en la que abundan las lluvias, la niebla y el mal tiempo en general, que como ya sabemos, no es el mejor amigo de los conductores, más bien al contrario. En esta época del año hemos de extremar las precauciones cuando nos pongamos al volante, ya que la carretera puede estar mojada o nuestra visibilidad puede no ser la mejor para conducir. Sobre todo hay que tomarlo con calma y entender que no podemos ir igual de rápido cuando hace un día esplendido que cuando es por la noche y hay niebla.

Está claro que en estos meses del año, el mal tiempo y las inclemencias propias de esta estación pueden ser el motivo de que haya muchos más accidentes de tráfico. El asfalto puede estar en malas condiciones, la visibilidad es mucho peor… Son muchos los factores que pueden afectarnos durante la conducción. Por eso lo mejor es ir siempre bien preparado para todo tipo de imprevistos, y sobre todo, estar concentrado en la carretera, poner nuestros cinco sentidos en la conducción, para estar atento a cualquier cosa que pueda pasar en la carretera.

Uno de los contratiempos más comunes en esta época es la mala visibilidad, ya sea por niebla o por lluvia. Si la situación es extrema, además de las luces reglamentarias, siempre debemos llevar las luces antiniebla traseras, para que el coche que venga detrás pueda distinguirnos sin dificultad. De todos modos, nuestra atención no debe ir solo para las luces traseras del coche precedente, ya que en estas condiciones pueden inducirnos a error. Lo mejor es estar pendiente a las propias señales de la carretera, y por supuesto, guardar la distancia de seguridad en su totalidad, ya que en estas condiciones, un frenazo en la carretera puede ser mucho más peligroso.

Uno de los mayores peligros que se dan en estas fechas es conducir bajo la lluvia, algo que en muchas ocasiones es inevitable. Debemos tener también sentido común, y ver que si está diluviando y va a ser muy complicado conducir con ese tiempo, no saldremos con el coche a no ser que sea estrictamente imprescindible. Si la lluvia es normal, debemos tener mucho cuidado con la calzada, sobre todo en las curvas. Saber utilizar el limpiaparabrisas para que nos ayude a dar visibilidad y no a quitárnosla. Por supuesto, es conveniente revisar los neumáticos, y saber que están preparados para los imprevistos, y que tendrán el agarre suficiente para que no nos llevemos sustos.

Cuando llueve, la calzada se moja y es más peligroso conducir, por lo que hay que señalizar mejor cada uno de nuestros movimientos, adelantar con más precaución y no dar frenazos, sino utilizar los pedales de forma más suave, ya que podríamos perder el control del vehículo si no lo hacemos con cuidado. No debemos confiarnos si ha parado de llover, porque el asfalto estará igualmente mojado y deslizante. Hay que mantener siempre la máxima precaución en la conducción para evitar riesgos innecesarios.

Pero el tiempo no solo afecta a la carretera y a agentes externos, sino también a nosotros, los conductores. Esta época en la que hay menos horas de luz es más propicia para que las personas tengan más somnolencia durante todo el día, y no solo a primera hora de la mañana. También es más fácil caer presa de un catarro o resfriado, con el peligro que supone conducir en estas condiciones. De estar enfermos, lo mejor es no coger el coche, a no ser que sea imprescindible. Por todo ello, como siempre, hemos de agudizar nuestros sentidos y poner más concentración si cabe en la carretera.

 

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